Samoa es un país insular polinesio con una tradición viva de tatau, o tatuaje. El peʻa masculino y el malu femenino conectan la decoración corporal con la familia, el servicio y la identidad cultural.
Un famoso relato cuenta cómo las hermanas Taema y Tilafaiga aprendieron a tatuar en Fiyi. Mientras nadaban de regreso a casa, repetían la instrucción de tatuar a las mujeres, y no a los hombres.
Cerca de Samoa vieron un molusco y se sumergieron para recogerlo. Cuando salieron a la superficie, retomaron el canto, pero invirtieron su significado. Ahora las palabras indicaban que había que tatuar a los hombres, y no a las mujeres.
El relato ofrece una explicación memorable del tatuaje masculino. El peʻa se extiende desde la cintura hacia las rodillas y forma una densa composición de diseños. Las mujeres tienen su propia tradición, el malu. Ambos requieren tatuadores expertos y un proceso exigente cuyo significado va más allá del diseño terminado.
