Rusia es un gran país cuya historia reúne muchos pueblos, regiones y formas de vestir. Los retratos imperiales, los trajes locales y los tatuajes revelan usos muy distintos del cuerpo para mostrar identidad.
En la corte, los uniformes, las joyas y las condecoraciones anunciaban el poder. Un gobernante ricamente vestido debía ser reconocido de inmediato. La ropa regional ofrecía otros estilos, determinados por los materiales locales, el clima y las costumbres.
El tatuaje tenía un contexto muy diferente en las prisiones y las instituciones de trabajos forzados. Especialmente en la Rusia y la Unión Soviética del siglo XX, los diseños podían registrar experiencias o comunicar la posición entre los presos. Sus significados no eran fijos para todos ni para cada periodo.
Esa historia no debe confundirse con los retratos anteriores ni con los tatuajes elegidos fuera de prisión. El contraste es llamativo: las medallas oficiales y las marcas no oficiales de la piel podían contar algo sobre la vida de una persona, pero bajo condiciones muy diferentes.
