Los aztecas fueron pueblos del centro de México cuyo imperio estaba dirigido por los mexicas de Tenochtitlan y sus aliados. La ropa, las plumas y los adornos corporales hacían visibles el poder y los logros.
Los bezotes, adornos del labio, resultaban especialmente llamativos. Se colocaban en una perforación bajo el labio inferior y podían fabricarse con distintos materiales según la posición de quien los llevaba. Una pieza de oro conservada, con forma de serpiente, tiene incluso una lengua que se mueve con el cuerpo.
Adornar la boca era una elección cargada de significado. El título del gobernante, huey tlatoani, suele traducirse como «gran orador». Las joyas podían destacar a quien tenía derecho a hablar por los demás, mientras que ciertos adornos también reconocían los méritos militares.
El sacrificio humano era una parte importante de la religión azteca. Se creía que las ofrendas de sangre y vidas humanas alimentaban a los dioses y mantenían el movimiento del sol. En algunas ceremonias, los sacerdotes sujetaban a una víctima sobre una piedra de sacrificio y le extraían el corazón como ofrenda. La religión y la guerra estaban estrechamente relacionadas: los cautivos podían convertirse en víctimas de estos rituales.
Los tejidos finos, el trabajo con plumas y la ropa ceremonial completaban el aspecto. La conquista de 1519–1521 transformó profundamente este mundo, pero su historia es mucho más amplia. Los retratos y objetos revelan una gran habilidad para convertir el cuerpo en una muestra pública del rango.
